Inteligencia Emocional (I) Aprendamos a desarrollarla

¿Por qué es tan importante que nuestros hijos la tengan?

¿Qué es la Inteligencia Emocional? ¿Por qué se habla tanto de este término en los últimos tiempos? ¿Dónde reside la importancia de que los niños y adolescentes adquieran una buena educación emocional?

Inteligencia emocional es la capacidad de comprender emociones y conducirlas, de tal manera que podamos utilizarlas para guiar nuestra conducta y nuestros procesos de pensamiento para producir mejores resultados.

Goleman D., 1995

Cada día hay más profesionales de la educación que defienden la importancia de incorporar la Inteligencia Emocional en la formación de nuestros hijos. Elsa Punset , Roberto Aguado, Rafael Bisquerra, Carmen Valls, etc., publican libros, vídeos y trabajos de investigación, en los que explican todo lo que las emociones pueden aportar al universo infantil y juvenil.

Por eso, nosotros también queremos poner nuestro granito de arena e iniciamos, con éste, una serie de artículos, en los que iremos explicando las competencias que forman parte de la Educación Emocional, así como actividades y estrategias para desarrollarlas.

Creemos que el conjunto de habilidades que conforman la Inteligencia Emocional se pueden y deben trabajar desde edades tempranas. Así son adquiridas como destrezas que permiten a los adolescentes obtener su óptimo desarrollo personal e intelectual.

En este primer artículo vamos a revisar los 7 beneficios que obtendrán nuestros hijos al mejorar sus competencias emocionales:

  1. Aumento de la autoestima, automotivación y autoconfianza: Soy capaz, puedo hacerlo, quiero hacerlo y tengo objetivos.
  2. Mejora de la comunicación: Digo lo que pienso y lo que siento, sin hacer daño, ni a los demás, ni a mí mismo.
  3. Aprenden a reflexionar. Me paro a pensar, tengo buenas ideas.
  4. Sostenimiento de la atención y concentración. Aquí y ahora, aparto las distracciones, el tiempo se estira.
  5. Progreso significativo en creatividad y capacidad resolutiva. Busco soluciones nuevas.
  6. Mayor tolerancia a la frustración y aplazamiento de las recompensas: La próxima vez lo haré mejor, estoy aprendiendo de mis errores.
  7. Mejores relaciones con el entorno: familia, amigos y escuela. Me gusta la gente que me rodea, sé perdonar, tengo empatía.

No queremos despedir este primer bloque sobre Inteligencia Emocional, sin contaros que participamos en un espacio radiofónico en la Cadena Ser, los últimos jueves de mes. En ese espacio, hablamos sobre Coaching Educativo e Inteligencia Emocional, porque creemos firmemente que son dos herramientas imprescindibles para que nuestros chavales “desplieguen sus velas”.

Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto.

Aristóteles

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